0 comments / Posted by Alicia Cabrera

La moda no es un hecho aislado, ni frívolo como se suele pensar, es un hecho socio-cultural que nació en Europa en los albores del Renacimiento. Una manifestación de la sociedad que la produce y la adquiere, resultado del contexto histórico, social, laboral y  geográfico. Una historia que tiene su eje central en la evolución de una industria que recibe influencias y refleja el cambio de los tiempos. A principios del siglo XIX, la moda era un indicador elitista del status, aunque no demasiado lejano de los tiempos de la Edad Media, cuando el rango venía marcado por el color y la calidad de las prendas que se vestían. Cuando Charles Worth convirtió la haute couture en una industria definida en 1860, le dio prestigio al situarla entre las bellas artes. Fue el primero que firmó sus diseños como las obras de arte. Haute couture significa alta costura y el trabajo artesanal que implica su alto precio. Pero otros aspectos de la industria transformaron la moda para llegar hasta como la conocemos hoy. Por ejemplo la máquina de coser Singer, presentada en 1851, o el prêt-a-porter (listo para llevar), término creado a mediados del siglo XX para aquellas prendas fabricadas en serie que se presentan en una colección de ropa dos veces al año en una gama de tallas.

Pero hoy traigo un período de la historia de la moda que me cautiva no sólo por los diseños en la costura femenina, sino también en los complementos. Más concretamente los sombreros que son pieza indispensable del mismo. 

Los años veinte y el Art Déco son inseparables, su nombre se debe a la “Exposition  Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Moderns” celebrada en París en 1925 y cuyo movimiento que engloba la arquitectura, el diseño gráfico, el diseño industrial, el interiorismo, y la pintura además de la moda, se desarrolla entre 1909 y 1939. Un período que en mi opinión es seductor porque en él se producen las épocas doradas de la abundancia, pero también la terrible I Guerra Mundial, y el período de entreguerras. Treinta años cruciales en todos los aspectos de la vida mundial y en especial de la europea.

                 


No sólo los movimientos artísticos de esa época como el cubismo, futurismo, constructivismo, la Bauhaus, el Taller de Viena (Wiener Werkstätte) y el art nouveau fueron su base. Sino también las condiciones que a principios de siglo se abrían con las posibilidades de viajes por el mundo, Asia se convirtió en fuente de inspiración, y los hallazgos arqueológicos de los años veinte suscitaron interés por otras culturas como Egipto, África y el México azteca.

Los ballets rusos que en 1909 estableció el mecenas Sergéi Diáguilev en París, fascinaron al público y pusieron lo oriental de moda. Para alguna de sus producciones llegó a diseñar Coco Chanel, entre otros.

 

        
París siempre fue la capital de la moda desde el siglo XVIII, siendo imitados por modistos de toda Europa y Norteamérica. A ello también contribuyó la aparición de las revistas de moda en el XIX y que en esa época la mujer pasara cada vez menos tiempo en sus casas, las actividades al aire libre obligaban a llevar otros atuendos. Así desapareció el miriñaque y el corsé relegado a determinadas ocasiones. Por otra parte, actividades que poco a poco fueron aceptadas para las mujeres como la natación, el tenis y la conducción de coches hicieron su parte en la modernización de las prendas. Desde 1870 hasta principios de 1900 la silueta cambió desde el primer polisón que recordaba a las formas de las faldas del XVIII, hasta las más largas y estrechas con una cola, y siguiendo hasta la curva de los corsés en S eduardianos. Sin embargo, lo que cambió la historia del atuendo femenino no fueron estas prendas sino los trajes de tweed adoptados por las mujeres de clase media que habían empezado a ganarse el sustento como institutrices, dependientas y mecanógrafas. Una transformación de los tailleurs de las mujeres de clase alta que usaban para viajar y sus actividades campestres transformadas, y que fue el precedente que liberó a la mujer del hogar. Esa clase media de mujeres tenían expectativas en su mundo y adoptaron un estilo de vida que permitía la educación, los deportes y la diversión. La ropa debía adecuarse a esta nueva vida.

La I Guerra Mundial hizo el resto, significó un gran cambio en las estructuras sociales. La mujer ocupó profesiones tradicionalmente de hombres porque éstos estaban en el frente y había que sustituirlos, de modo que se impuso la concepción de prendas más cómodas y prácticas.

Después de la Gran Guerra, el renacer del baile con la proliferación de salones de baile y el charlestón en las grandes ciudades, considerado un baile escandaloso, también influyeron. Cambió la silueta femenina, desapareció definitivamente el corsé. Las faldas se acortaron y en medio de todo ello, los diseñadores tuvieron la libertad de experimentar con las telas, los volúmenes y los tejidos.

Los accesorios (bolsos, sombreros) se hacían acorde o en combinación al atuendo por lo general con los mismos materiales. En esta época los sombreros se convirtieron en cloché, bonetes, sombreros asimétricos y gorritos como complemento último. Se habían acortado las melenas, y ello también propició el cambio de formas en los mismos. Hoy quiero mostrar diferentes modistos o diseñadores de esa época menos conocidos pero que tenían unos diseños fantásticos de sombreros.

Cloché: sombrero femenino generalmente de fieltro de copa hemisférica, cuerpo cilíndrico y ala mínima. Diseñado por Caroline Reboux, fue el sombrero femenino predominante en la década de 1920 y que daba un aspecto masculino. Es un sombrero que queda encajado en la cabeza por lo que no se podía llevar con el pelo largo y fomentaba el corte a la garçonne. Se empieza a subir el ala y hacerla más grande y a partir de los años 30 desaparece como tal. 

            

Bonnets: sombrero femenino tipo gorro de bebé de diferentes materiales, pueden ser de fieltro o de otras telas. Le ocurre lo mismo que al cloché, se debe llevar con pelo corto.

Sombreros para diferentes actividades deportivas (no como las entendemos hoy), algunos para la mañana o después del mediodía.  Y tocados pequeños casi siempre de fieltro para diversas horas del día y reuniones sociales. Bérets o boinas (pero no como las entendemos hoy).

Charles Frederick Worth:(1826-1895),modisto inglés que se asentó en París. En esta época ya había fallecido y llevaban la casa sus hijos Jean-Philippe y Gaston que se hacen cargo, el primero como diseñador y el último como gerente de negocios. Gaston pasará a convertirse en el primer presidente de La Cámara Sindical de la Alta Costura.

Jean Patou: (1880-1936)diseñador francés abrió su casa de modas la Maison Perry antes de la I Guerra Mundial, tuvo que dejarlo y lo reabrió con su nombre después de la guerra. Adaptó la moda a los nuevos tiempos, sus características eran la sencillez, talle natural y silueta simple. Fue el que se lanzó a diseñar la línea deportiva que triunfaría en Estados Unidos y las villas de Montecarlo, Biarritz o Deauville. A pesar de su fallecimiento en 1936 la casa siguió abierta por sus familiares hasta la actualidad.

Suzzane Talbot: fue una de las modistas más célebres de los años 20, abrió su taller en París en 1917 donde combinaba nuevos materiales con nuevas formas con estampados geométricos. Le daba gran importancia a los accesorios formando parte importante de sus colecciones y que combinaba en materiales y tejidos con las prendas de vestir.

          

Madame Agnès: fue una sombrerera que aprendió de Suzzane Talbot y Caroline Reboux con gran éxito en los años 20 y 30. Influenciada por el surrealismo, se hizo famosa porque daba forma a los sombreros recortando las alas directamente sobre las cabezas de sus clientas.


    Esto es solo una muestra, la investigación es muy amplia. Seguiremos con ella.

    Bibliografía

    • Art Déco fashion. Amsterdam:The pepin press, 2007
    • FIELL,Charlotte y DIRIX, Emmanuelle. La mode des annés 1930 en images. París:Editions Eyrolles pour l’edition en langue française,2012
    • LEVENTON, Melisa. Vestidos del mundo desde la antigüedad hasta el siglo XIX. Tendencias y estilos para todas las clases sociales. Barcelona: Blume, 2009
    • STEVENSON,NJ. Moda. Historia de los diseños y estilos que han marcado época. Lunwerg editores, 2011

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