• El lenguaje de los guantes

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    Consultando en la biblioteca del Instituto de Estudios Canarios (La Laguna, Tenerife), unas revistas de moda de Barcelona de principios del siglo XX, concretamente de 1914 a 1917. Como llegaron allí es otra historia que merece ser contada en otro post. Y mientras sacaba fotos de las ilustraciones, que eran mi mayor interés, me encontré con un pequeño párrafo que se titulaba “El lenguaje de los guantes”. Hasta ahora había oído hablar del lenguaje de las flores y hasta del lenguaje del abanico pero nunca de los guantes.

    Estamos hablando de una época en la que las mujeres todavía lo usaban habitualmente además del sombrero. Hasta los años 40 y 50 del siglo XX una mujer no iba bien vestida si no llevaba guantes. Las revistas como la que hoy menciono recomendaba su uso en todas las ocasiones, en el campo, en el teatro, en una cena de gala y por supuesto en los bailes. Las damas debían utilizar ambos mientras que los caballeros solo uno, sujetando el otro con la mano enguantada. En el baile era imprescindible su uso al saludar a la anfitriona y a los otros invitados. De ahí que debía ser imprescindible conocer este lenguaje para moverse en sociedad. Transcribo literalmente lo que pone la revista.

     

    El lenguaje de los guantes. (Revista El hogar y la moda, Barcelona, 23 noviembre de 1914)
    Los guantes vienen a hacer la competencia a las flores en ese idioma misterioso, patrimonio de los amantes.

    Si, se dice dejando caer uno de los guantes.

    No, arrollándolos en la mano derecha.

    Para ser seguida, se golpea con uno de los guantes en el hombro izquierdo.

    «No le quiero a usted ni pizca», se dice golpéandose en la barba.

    «¡Le odio a usted!» con exclamación y todo, se indica volviendo los guantes del revés.

    «¡Te amo! » Esta agradable confesión se hace dejando caer los guantes. 

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  • ¿Te pones un sombrero?

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    “…Tenía el pelo largo y oscuro, si bien aparentaba estar bien cuidado. Todo lo bien que yo podía vislumbrar debajo del sombrero que, en realidad, era lo que había llamado mi atención junto a la gabardina que no se había quitado. Me gusta la gente que lleva sombrero, hoy en día en casi todas las ciudades se ha desvanecido esa práctica que yo me afano en reconquistar. A pesar de que cuando lo uso en mi ciudad me devoran con la vista como si estuviera trastornada. Siempre pienso que es mejor no hacerles caso; los locos son ellos por no llevar una prenda que se imaginó para protegerse del frío, escudarse del sol o sencillamente por el puro placer de saberse favorecidos. ¿Qué hubiera sido de la historia del hombre sin los sombreros? Siendo pieza fundamental de cualquier terno, vestido o atuendo, sobre todo fue un distintivo de clases, de oficios, o incluso de poder económico. ¡Qué hubiera sido de la moda en Francia!, gracias a ellos Gabrielle Bonheur se convirtió en Coco Chanel.  Y a mí me fascina una cabeza bien amueblada que además lleve un elegante sombrero. Aunque para eso hay que saber llevarlo, no a todas las personas les queda bien; me refiero al sombrero, claro.”

    ©Fragmento de mi novela inédita “Los hombres de Úrsula”.

     Como bien dice este personaje, el sombrero es una prenda universal. Desde los principios de la humanidad, tanto hombres como mujeres, se cubrían la cabeza con tocados o sombreros más sencillos de lo que con el paso del tiempo llegaron a ser. Como todo evoluciona, los tocados y sombreros no iban a ser menos. Desde el Mundo antiguo hasta la Edad Media las mujeres empleaban mucho tiempo y esfuerzo para arreglarse el pelo incluyendo tintes y extensiones o pelucas, lo que demuestra que no es una moda actual. Viene de antaño. En la Edad Media a veces mostraban y otras ocultaban el cabello por completo, así es frecuente ver gorros y cofias enjoyados, elaboradas trenzas y velos en muy diversos estilos reflejados en el arte, que se convierte en un espejo magnífico para conocer la evolución de la moda a través de los tiempos.

                                                                                                    

    La evolución de los tocados femeninos discurrió por caminos diferentes según los países del continente europeo. Normalmente Francia e Inglaterra iban por delante de los Países Bajos y España, mientras que Italia era un caso aparte con tendencias diferentes a las de cualquier otro país. En ello también influyeron las diferencias religiosas y culturales, en Inglaterra adoptaron el cubrir por completo la cabeza mientras que en la Italia renacentista mostraban la cabeza prácticamente desnuda tapando sus rizos con una redecilla, una variación de esta redecilla era un gorro de terciopelo a finales del siglo XV con una redecilla de galón, y que en el siglo XX se le llamó gorro de Julieta.

    La capucha francesa en esta época consistía en un gorro interior de tela almidonada, decorada con galones en el borde superior y por la parte trasera colgaban unos pliegues rectangulares de terciopelo.

                                          

    La capucha inglesa era una estructura rígida de forma cúbica con cintas en los laterales y pliegues de terciopelo en la parte trasera.

    En Alemania, a diferencia del resto de Europa, en lugar de una pequeña capucha se lleva un tocado con forma de corona y no solían tener pliegues en la parte trasera.


    Desde el siglo XIV hasta el XVI también se utilizó el sombrero como una necesidad de revelar el status social y cultural. Las monarquías lo usaban para diferenciarse del resto de las clases sociales. Mientras ellos usaban grandes sombreros vistosos, hechos de terciopelo y adornados con cintas, piedras preciosas y plumas, el pueblo usaba capuchas, caperuzas o sombreros austeros y pequeños.

    Ya en el siglo XVIII se producen el nacimiento de dos profesiones vinculadas con el arreglo de la cabeza y el cabello. La aparición del peluquero con Alphonse Legros, fundador de la parisina Academia del Cabello durante la década de 1760. Pero también en esta época ganaron gran relevancia las sombrereras. Las primeras, vendedoras y diseñadoras a la vez creaban adornos para los tocados y también para los vestidos, y no será hasta el siglo XIX cuando se centren exclusivamente en la producción y decoración de sombreros. Los sombreros femeninos seguían siendo ostentosos, con cintas, flores, plumas y pieles. Aunque a finales de siglo se introdujeron nuevos estilos como las capelinas de ala ancha y más pequeños como los tocados.

    El sombrero masculino en esta época era muy sobrio, se puso de moda el sombrero de copa alta conocido como chistera (con copa recta y ala corta). A finales del XIX también se puso de moda el bombín con copa redondeada y ala corta.

    Pero un invento a mediados del siglo revolucionó la historia del sombrero, la invención de las máquinas de coser transformó el sombrero en un accesorio más masivo. Las plumas hicieron furor durante este período, tanto es así que se llegaron a utilizar sombreros con pájaros disecados. Pero las protestas en Estados Unidos e Inglaterra hicieron que dejaran de usarse.

    En esos momentos hace su aparición una diseñadora que marcará una revolución empezando con los sombreros y luego con la moda, Coco Chanel, pero ella merece un capítulo aparte.

    Con la llegada del siglo XX y la Primera Guerra Mundial, la sociedad sufrió cambios importantes. Las mujeres tenían nuevos tipos de trabajos para reemplazar a los hombres que iban al frente. No sólo cambió la moda en el vestir sino también en los sombreros. Muchas debían vestir uniforme y no podían utilizar gorros o sombreros durante el día. Por esto, necesitaron encontrar algo que las diferenciara y que rompiera con la monotonía de la vestimenta laboral. Es así que el sombrero pasó a ser un icono de moda que las mujeres utilizaron para destacar su atuendo.

               

    Tras la guerra, los años 20 se caracterizaron por un afán de optimismo hacia el futuro, convencidos que no habría otra guerra. Una necesidad de una nueva vida, fruto de unos cambios profundos en la sociedad consecuencia de la contienda. Grandes fortunas que ya no existen, nuevos ricos salidos de la industria y las actividades comerciales, escritores, artistas, americanos adinerados, actrices de cine y teatro, etc. La Alta costura se ve obligada a trabajar para un nuevo tipo de clientela muy variopinta. Los cambios a ambos lados del Atlántico trajeron una prosperidad que se reflejó en un estilo de vida y de una moda nueva.

    Se pone de moda un nuevo sombrero a tono con los nuevos peinados de pelo corto y que funde hasta las cejas, serán el cloche y la capelina. Que también convivieron con los turbantes influencia de las tendencias orientales y los ballets rusos, así como los sombreros deportivos en cuya práctica la mujer se va adentrando. 

    Ya en las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta, el sombrero pasó a ser parte del vestuario femenino, el cual debía combinar con los vestidos, zapatos y bolsos. Más adelante pasó a ser un símbolo de distinción entre las celebridades como Grace Kelly o Audrey Hepburn.

       

     

    Después de estas décadas el sombrero tuvo muchos altibajos y en la segunda mitad del siglo XX perdió notoriedad, hasta casi desaparecer para la gran masa de población.

    Afortunadamente se está volviendo lentamente a revivir su uso, sobre todo para las grandes ocasiones, pero tengo la esperanza que se vuelva a revitalizar para uso diario. Me resulta fascinante una imagen reflejada en el espejo con una mirada atrevida enmarcada en un sombrero favorecedor. Esa imagen puede ser el motor del mundo, el impulso de una mujer decidida a marcar la diferencia.


    Alicia Cabrera.

    Bibliografía.

    • LEVENTON, M. Vestidos del mundo. Edit. Blume.
    • STEVENSON,NJ. Moda. Historia de los diseños y estilos que han marcado época. Lunwerg editores.
    • Art Decofashion. The Pepin Press.

     

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  • Art Déco en la moda

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    La moda no es un hecho aislado, ni frívolo como se suele pensar, es un hecho socio-cultural que nació en Europa en los albores del Renacimiento. Una manifestación de la sociedad que la produce y la adquiere, resultado del contexto histórico, social, laboral y  geográfico. Una historia que tiene su eje central en la evolución de una industria que recibe influencias y refleja el cambio de los tiempos. A principios del siglo XIX, la moda era un indicador elitista del status, aunque no demasiado lejano de los tiempos de la Edad Media, cuando el rango venía marcado por el color y la calidad de las prendas que se vestían. Cuando Charles Worth convirtió la haute couture en una industria definida en 1860, le dio prestigio al situarla entre las bellas artes. Fue el primero que firmó sus diseños como las obras de arte. Haute couture significa alta costura y el trabajo artesanal que implica su alto precio. Pero otros aspectos de la industria transformaron la moda para llegar hasta como la conocemos hoy. Por ejemplo la máquina de coser Singer, presentada en 1851, o el prêt-a-porter (listo para llevar), término creado a mediados del siglo XX para aquellas prendas fabricadas en serie que se presentan en una colección de ropa dos veces al año en una gama de tallas.

    Pero hoy traigo un período de la historia de la moda que me cautiva no sólo por los diseños en la costura femenina, sino también en los complementos. Más concretamente los sombreros que son pieza indispensable del mismo. 

    Los años veinte y el Art Déco son inseparables, su nombre se debe a la “Exposition  Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Moderns” celebrada en París en 1925 y cuyo movimiento que engloba la arquitectura, el diseño gráfico, el diseño industrial, el interiorismo, y la pintura además de la moda, se desarrolla entre 1909 y 1939. Un período que en mi opinión es seductor porque en él se producen las épocas doradas de la abundancia, pero también la terrible I Guerra Mundial, y el período de entreguerras. Treinta años cruciales en todos los aspectos de la vida mundial y en especial de la europea.

                     


    No sólo los movimientos artísticos de esa época como el cubismo, futurismo, constructivismo, la Bauhaus, el Taller de Viena (Wiener Werkstätte) y el art nouveau fueron su base. Sino también las condiciones que a principios de siglo se abrían con las posibilidades de viajes por el mundo, Asia se convirtió en fuente de inspiración, y los hallazgos arqueológicos de los años veinte suscitaron interés por otras culturas como Egipto, África y el México azteca.

    Los ballets rusos que en 1909 estableció el mecenas Sergéi Diáguilev en París, fascinaron al público y pusieron lo oriental de moda. Para alguna de sus producciones llegó a diseñar Coco Chanel, entre otros.

     

            
    París siempre fue la capital de la moda desde el siglo XVIII, siendo imitados por modistos de toda Europa y Norteamérica. A ello también contribuyó la aparición de las revistas de moda en el XIX y que en esa época la mujer pasara cada vez menos tiempo en sus casas, las actividades al aire libre obligaban a llevar otros atuendos. Así desapareció el miriñaque y el corsé relegado a determinadas ocasiones. Por otra parte, actividades que poco a poco fueron aceptadas para las mujeres como la natación, el tenis y la conducción de coches hicieron su parte en la modernización de las prendas. Desde 1870 hasta principios de 1900 la silueta cambió desde el primer polisón que recordaba a las formas de las faldas del XVIII, hasta las más largas y estrechas con una cola, y siguiendo hasta la curva de los corsés en S eduardianos. Sin embargo, lo que cambió la historia del atuendo femenino no fueron estas prendas sino los trajes de tweed adoptados por las mujeres de clase media que habían empezado a ganarse el sustento como institutrices, dependientas y mecanógrafas. Una transformación de los tailleurs de las mujeres de clase alta que usaban para viajar y sus actividades campestres transformadas, y que fue el precedente que liberó a la mujer del hogar. Esa clase media de mujeres tenían expectativas en su mundo y adoptaron un estilo de vida que permitía la educación, los deportes y la diversión. La ropa debía adecuarse a esta nueva vida.

    La I Guerra Mundial hizo el resto, significó un gran cambio en las estructuras sociales. La mujer ocupó profesiones tradicionalmente de hombres porque éstos estaban en el frente y había que sustituirlos, de modo que se impuso la concepción de prendas más cómodas y prácticas.

    Después de la Gran Guerra, el renacer del baile con la proliferación de salones de baile y el charlestón en las grandes ciudades, considerado un baile escandaloso, también influyeron. Cambió la silueta femenina, desapareció definitivamente el corsé. Las faldas se acortaron y en medio de todo ello, los diseñadores tuvieron la libertad de experimentar con las telas, los volúmenes y los tejidos.

    Los accesorios (bolsos, sombreros) se hacían acorde o en combinación al atuendo por lo general con los mismos materiales. En esta época los sombreros se convirtieron en cloché, bonetes, sombreros asimétricos y gorritos como complemento último. Se habían acortado las melenas, y ello también propició el cambio de formas en los mismos. Hoy quiero mostrar diferentes modistos o diseñadores de esa época menos conocidos pero que tenían unos diseños fantásticos de sombreros.

    Cloché: sombrero femenino generalmente de fieltro de copa hemisférica, cuerpo cilíndrico y ala mínima. Diseñado por Caroline Reboux, fue el sombrero femenino predominante en la década de 1920 y que daba un aspecto masculino. Es un sombrero que queda encajado en la cabeza por lo que no se podía llevar con el pelo largo y fomentaba el corte a la garçonne. Se empieza a subir el ala y hacerla más grande y a partir de los años 30 desaparece como tal. 

                

    Bonnets: sombrero femenino tipo gorro de bebé de diferentes materiales, pueden ser de fieltro o de otras telas. Le ocurre lo mismo que al cloché, se debe llevar con pelo corto.

    Sombreros para diferentes actividades deportivas (no como las entendemos hoy), algunos para la mañana o después del mediodía.  Y tocados pequeños casi siempre de fieltro para diversas horas del día y reuniones sociales. Bérets o boinas (pero no como las entendemos hoy).

    Charles Frederick Worth:(1826-1895),modisto inglés que se asentó en París. En esta época ya había fallecido y llevaban la casa sus hijos Jean-Philippe y Gaston que se hacen cargo, el primero como diseñador y el último como gerente de negocios. Gaston pasará a convertirse en el primer presidente de La Cámara Sindical de la Alta Costura.

    Jean Patou: (1880-1936)diseñador francés abrió su casa de modas la Maison Perry antes de la I Guerra Mundial, tuvo que dejarlo y lo reabrió con su nombre después de la guerra. Adaptó la moda a los nuevos tiempos, sus características eran la sencillez, talle natural y silueta simple. Fue el que se lanzó a diseñar la línea deportiva que triunfaría en Estados Unidos y las villas de Montecarlo, Biarritz o Deauville. A pesar de su fallecimiento en 1936 la casa siguió abierta por sus familiares hasta la actualidad.

    Suzzane Talbot: fue una de las modistas más célebres de los años 20, abrió su taller en París en 1917 donde combinaba nuevos materiales con nuevas formas con estampados geométricos. Le daba gran importancia a los accesorios formando parte importante de sus colecciones y que combinaba en materiales y tejidos con las prendas de vestir.

              

    Madame Agnès: fue una sombrerera que aprendió de Suzzane Talbot y Caroline Reboux con gran éxito en los años 20 y 30. Influenciada por el surrealismo, se hizo famosa porque daba forma a los sombreros recortando las alas directamente sobre las cabezas de sus clientas.


      Esto es solo una muestra, la investigación es muy amplia. Seguiremos con ella.

      Bibliografía

      • Art Déco fashion. Amsterdam:The pepin press, 2007
      • FIELL,Charlotte y DIRIX, Emmanuelle. La mode des annés 1930 en images. París:Editions Eyrolles pour l’edition en langue française,2012
      • LEVENTON, Melisa. Vestidos del mundo desde la antigüedad hasta el siglo XIX. Tendencias y estilos para todas las clases sociales. Barcelona: Blume, 2009
      • STEVENSON,NJ. Moda. Historia de los diseños y estilos que han marcado época. Lunwerg editores, 2011

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    • Desfile benéfico ÁMATE en Icod 2016

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      Desfile benéfico para ÁMATE (Asociación de mujeres con cáncer de mama de Tenerife) realizado el 11 de junio (2016) en el Casino Sociedad Centro Icodense (Icod de los Vinos, Tenerife).
      En este álbum aparecen los pases del desfile en los que colaboramos, pase de tocados, de bañadores y de vestidos de ceremonia(Almacenes Florinda).
      Las fotos son de Alicia Cabrera y Cheijob Acevedo photography & design.
      Agradecemos a la Asociación Ámate por permitirnos colaborar, a Gloria y Tania de la organización por parte del Ayto. de Icod, a Raquel por parte de Ámate Icod.

      Además quiero expresar mi reconocimiento y un agradecimiento muy especial a las modelos que hicieron posible este evento. Fue un placer conocerlas y compartir con ellas unas pocas horas de complicidad, de alegría y moda. Espero que podamos volver a repetirlo. Gracias a todas.

       

         

       

       

           

       

       


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    • Tocados para teatro

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      La Asociación cultural Entreactos (organización que pretende crear puentes entre las Artes Escénicas y otras manifestaciones artísticas, posibilitando el disfrute y difusión del teatro), nos encargó unos tocados para una representación que iban a estrenar en el pasado 3 de mayo en el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife (dentro de las Fiestas de Mayo).

            

      El marco temporal era el siglo XIX, una obra escrita para dar a conocer el ambiente cultural de esa época en Santa Cruz de Tenerife. Pintores, músicos y la cultura fueron el tema central. Se desarrollaron diferentes actos entrelazados para enmarcar y mostrar la obra de Nicolás Alfaro (1826-1905) pintor y cofundador de la Sociedad de Bellas Artes, germen de lo que sería posteriormente la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel de Santa Cruz de Tenerife y cuya obra se encuentra en la última planta del Museo. Con ello se pretendía acercar a todos los ciudadanos la vida de la ciudad que le tocó vivir.

      A los asistentes primero se les recibía en el hall con un concierto de cuerda por el quinteto Drago. Después en la primera planta una conferencia por Darío Hernández sobre literatura y la poesía canaria en el siglo XIX. Naturalismo y Romanticismo.

         

      Y ya en la última planta, nuestra historiadora Tania Marrero comenzó la visita guiada a la obra de Nicolás Alfaro que se conserva en las salas del Museo. Mientras explicaba la obra apareció por allí el pintor Nicolás Alfaro y su ayudante comenzando así la representación del grupo de teatro. Una breve visita al estudio del pintor donde éste se encontraba pintando un retrato de su esposa, en el que se dan cita otros artistas como Gumersindo Robayna o el arquitecto Manuel Oráa que en ese momento se encontraba en plena construcción de lo que sería el Teatro Guimerá. Terminada la visita al taller se dirigieron a la casa de los Sres. Hamilton (en otra sala del Museo) donde se iba a celebrar la velada musical y en la que se encontraban otros personajes de la sociedad santacrucera como el Sr. Guimerá, Alfred Diston o Elizabeth Murray (pintora y esposa del Cónsul Británico en Tenerife) y la Sra. Rusell. En ella se ofreció un recital de piano por Sofía Unsworth (que interpretaba a Miss Collin) con música de salón del siglo XIX.

      Una vez terminados el recital y la representación se concluyó la velada con una lectura poética a cargo de Alberto Omar Walls y concierto de despedida en el hall por el quinteto Clarineo.
      Así fue nuestra noche de música, literatura, teatro y poesía del siglo XIX.

      Fue un placer realizar los tocados y los bombines para la obra.

                   

       

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